Despedidas

Despedirse nunca es fácil, ¿quién no ha oído o incluso dicho alguna vez eso de: “no me gustan las despedidas”? No es tarea agradable pero es imprescindible para poder cerrar y abrir nuevas etapas.

En esta ocasión he escogido una escena de la serie Narcos para analizar cómo Pablo se despide de su familia.

Si te interesa pincha en el siguiente título para redirigirte al artículo. ¡Espero te guste!

Narcos – despedidas

Cuidando a la pareja…

terapia de pareja

Mi pareja y yo somos muy felices, nos queremos y estamos muy bien juntos pero…

Por muy bien que estés con tu pareja siempre habrá un pero. Lo importante no es cuántos “peros” haya en vuestra relación sino cómo los manejéis y que no se conviertan en el desencadenante de una crisis.

Tener pareja en nuestra sociedad es un hecho muy valorado y es que esta nos complementa, es un apoyo a la hora de compartir dificultades y alegrías, es alguien en quien confiar, que nos acompaña, alguien que no falla. Sin embargo, no son pocas las veces en las que, decepciones, discusiones o errores, pueden hacerte plantear si tu relación merece la pena.

Por ello, te animo a que la cuides, dificultades siempre podrán aparecer, pero si a día de hoy te compensa, cuídala para cuando esas dificultades vengan podáis superarlas juntos como un bache del camino y no como un obstáculo de vuestra relación.

¿Cómo puedo cuidar a mi pareja y mi relación? Enfócalo como si fuera una planta, hay que regarla a diario, no vale dejarla un mes abandonada y luego quererle echar toda el agua de ese mes en un día para compensar. Es decir, esta es una tarea de diario y de poco a poco. Muchas parejas olvidan buscar un espacio frecuente para este cuidado y disfrute en común y cuando llegan períodos vacacionales en los que de repente se ven juntos todo el día se desbordan como la planta a la que le echamos toda el agua que no le echamos en su momento.

El ritmo diario suele ser una buena excusa para ver esta tarea como algo difícil de cumplir: la familia, el trabajo, las prisas… parecen impedimentos para guardar un espacio en la pareja y, ciertamente, todo esto hace que, cuando no estamos acostumbrados, encontrar un espacio para la pareja sea complicado.

Recuerda que es algo que hay que cuidar y si de verdad te importa encontrar ese espacio sólo será cuestión de valorar el tiempo y energía que dedicas al resto de cosas que hay en tu vida y priorizarlas. Cuando tengas tus prioridades en orden y tu pareja esté entre ellas encontrar ese momento de cuidado y compartir no te será tan difícil.

Y… ¿en qué consiste ese cuidado? Ahí van algunos ejemplos:

  • Valórale las cosas positivas que hace, aunque pienses que tu pareja ya sabe que se lo valoras házselo saber de nuevo. Valorar a tu pareja y lo que hace le hará sentir bien y recompensada.
  • Pregúntale cómo se encuentra, cómo ha ido su día, crea ese espacio de comunicación en el que compartir el día a día.
  • Planificar algo juntos, no sólo hacerlo os unirá sino también prepararlo.
  • Involúcrale en tu vida, hazle partícipe de las cosas que te suceden a lo largo de tu día y cómo te hacen sentir.
  • No evites hablar de lo que te molesta, no hablar de los problemas, hacer como que no existen no consigue solucionarlos, siguen estando ahí.
  • Sorpréndele, esto no siempre supone un regalo material, aunque también está bien. Llévale a algún sitio diferente, hazle un plan que sepas puede gustarle… saca a relucir tu creatividad.

Recuerda que estos son sólo algunos ejemplos, son muchas las cosas que puedes hacer para cuidar a tu pareja y, a pesar del esfuerzo que esto pueda suponerte, te merecerá la pena.

¿Qué es la ansiedad y para qué sirve?

ansiedad

Hablar de ansiedad hoy en día es algo muy común y es que no es raro haber sufrido en nuestras propias carnes en algún momento puntual su efecto.

La ansiedad es una respuesta emocional que puede afectarnos a nivel cognitivo, fisiológico y/o motor, y que parece que surge cuando hay algún hecho en nuestro entorno o una situación que nos supone una dificultad o un problema en algún sentido. Esta ansiedad, aunque nos hace sufrir, es buena, nos ayuda, nos orienta a la supervivencia y a la superación de obstáculos.

¿Qué pasa cuando esta ansiedad no nos ayuda sino que nos bloquea, nos paraliza? En este caso no hablamos de esa ansiedad normal o “buena” sino que es una ansiedad “mala” que incluso puede llevarnos a desarrollar un trastorno de ansiedad si este estado se prolongo en el tiempo.

Sea como sea la ansiedad, su sintomatología o la manera en que se presenta puede ser muy variada, cada persona la verá manifestada de una manera diferente según seamos. La intensidad, frecuencia y duración con la que sintamos la ansiedad también influirá en la sintomatología con la que se muestre. Esta va desde taquicardias, subida de tensión arterial, desmayos, palpitaciones, falta de aire, náuseas, vómitos, diarreas hasta dolores de cabeza, insomnio, contracturas o tics, angustia, miedos, preocupación, indecisión, apatía… por nombrar algunas pero puede haber muchas más formas en las que esta se presenta.

Desde mi punto de vista, entender la ansiedad e identificarla es muy útil, no sólo como algo informativo sino también como una manera de tomarla como una alarma y es que, la ansiedad nos da señales y nos pone en aviso de que algo pasa. Si sufres de ansiedad te será muy útil entender qué función cumple en ti esa ansiedad y escuchar el mensaje que te transmite cuando aparece.

Por ello, cuando la ansiedad aparezca, antes de tratar de hacerla desaparecer párate, escúchala, siente cómo se manifiesta, en qué partes de tu cuerpo ¿lo tienes identificado? Ahora piensa en qué momento ha aparecido, ¿ha pasado algo significativo que le ha hecho aparecer? Probablemente sí, aunque a veces es difícil identificarlo. Piensa cuál es su mensaje, de qué te  está avisando. En este mensaje tendrás una gran clave sobre cuál podría ser la solución para que la ansiedad desaparezca pero antes de eso, quizá debas enfrentarte a algún tema pendiente…

En la entrada anterior  ya hablamos sobre los mensajes que nos da el cuerpo, sean consecuencia o no de la ansiedad. Puedes leerlo aquí.

Lo que dice nuestro cuerpo…

“El cuerpo grita lo que la boca calla”

¿Escuchas los mensajes que tu cuerpo te manda? Dolores de cabeza, estómago revuelto, nerviosismo, se te acelera el corazón… son innumerables las señales de malestar que nos manda nuestro cuerpo y no siempre son síntoma de un problema médico.

Y es que cuando callamos nuestro malestar, lo aguantamos, lo dejamos dentro de nosotros, al final sale de alguna manera, si no es verbalmente es corporalmente. ¿Te ha pasado alguna vez? Tranquilo/a, no eres el/la único/a.

En muchas de estas ocasiones ni si quiera somos conscientes de qué es lo que nos pasa, incluso racionalmente nos sentimos bien, podemos sobrellevar los problemas o dificultades que nos rodean pero yo te animo a que no ignores estas señales. Tu cuerpo es tu alarma, como el piloto que se enciende en el coche cuando algo va mal, nos avisa.

¿Qué hacer cuando esto nos pasa? Respirar profundo estaría bien como un primer paso para oxigenarnos y llenarnos de aire, escuchar, dejarnos sentir cuál es el síntoma que nuestro cuerpo nos manda. Darnos cuenta que hay algo y cuando lo tengamos identificado buscar el significado ¿de qué me está avisando mi cuerpo? quizá haya algo que tengas pendiente por solucionar, estés aplazando una conversación difícil o tengas que enfrentarte a una situación que se supere.

Escucha a tu cuerpo, en su mensaje encontrarás tanto la dificultad causante de ese malestar como la solución.

MIEDO… ¿QUÉ HARÍAS SI NO TUVIERAS MIEDO?

Probablemente todos sepamos qué es el miedo como concepto teórico: es una emoción, es un mecanismo adaptativo que nos ayuda a sobrevivir…  Pero más probable aún es que en algún momento lo hayamos conocido y experimentado en nuestras propias carnes.

Personalmente, el miedo me ha dominado demasiadas veces, muchas de ellas ni si quiera he sido consciente de su presencia ni de su influencia. Sin embargo, tras una agradable y entretenida conversación, he decidido prestarle más atención.

Ya hace un tiempo leyendo un libro, me choqué con la pregunta ¿QUÉ HARÍA SI NO TUVIERA MIEDO? y me hizo reflexionar… ¿Cuántas cosas no hacemos por miedo?, ¿cuántos problemas no resolvemos por miedo?, ¿cuántos proyectos abandonamos por miedo?, ¿cuántas relaciones perdemos por miedo?

A mí me sirvió, me ayudó darme cuenta del papel tan importante que estaba jugando el miedo en mi vida y decidí darle menos protagonismo para devolvérselo al proyecto que realmente quería conseguir. Proyecto por el que aún sigo luchando, pero ahora sin miedo.

Por ello quería compartirlo contigo, coge papel y bolígrafo y respóndete: ¿QUÉ HARÍAS SI NO TUVIERAS MIEDO? Quizá es el momento de quitarle un poquito de protagonismo al miedo…

“¿Quién se ha llevado mi queso?” Spencer Johnson

Libro sobre motivación que, además de enseñarme a ver la vida de otra manera, me retó a pensar en el miedo. Corto, fácil y muy práctico, ¡lo recomiendo!

 

CRÍTICAS…

“Para evitar la crítica, no hagas nada, no digas nada, no seas nada” 

Elbert Hubbard.

 ¿Es un consejo? He preferido tomármelo como un reto irónico, pues creo que no es rentable no hacer nada, no decir nada ni ser nada por miedo a la crítica.

Como seres humanos, las críticas suelen influirnos mucho, incluso tenemos miedo a ellas. Ese miedo es el que en ocasiones nos paraliza, nos impide hacer lo que realmente deseamos llevándonos a actuar conforme desean los demás. Pero… ¿eso evita la crítica?. Todo esto me recuerda a la historia de Francisco J. Briz Hidalgo que una gran amiga me contó y creo que ilustra muy bien todo esto:

 

 Un abuelo y su nieto salieron de viaje con un burro. El nieto había pasado las vacaciones con su abuelo y ahora volvía a casa de sus padres para empezar nuevamente el colegio. A ratos, el abuelo o el nieto se subían al burro y así iban haciendo el viaje más cómodo.
El primer día de viaje llegaron a un pueblo. En ese momento el abuelo iba sentado sobre el burro y el nieto iba caminando al lado.
Al pasar por la calle principal del pueblo algunas personas se enfadaron cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando. Decían:
– ¡Parece mentira! ¡Qué viejo tan egoísta! Va montado en el burro y el pobre niño a pie.
Al salir del pueblo, el abuelo se bajó del burro. Llegaron a otro pueblo. Como iban caminando los dos junto al burro, un grupo de muchachos se rió de ellos, diciendo:
– ¡Qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarse, van los dos andando.
Salieron del pueblo, el abuelo subió al niño al burro y continuaron el viaje.
Al llegar a otra aldea, la gente exclamó escandalizada:
– ¡Qué niño más maleducado! ¡Qué poco respeto! Va montado en el burro y el pobre viejo caminando a su lado.
En las afueras de la aldea, el abuelo y el nieto se subieron los dos al burro. Pasaron junto a un grupo de campesinos y éstos les gritaron:
– ¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tenéis corazón? ¡Vais a reventar al pobre animal!
El anciano y el niño se cargaron al burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente acudió de todas partes. Con grandes risotadas los pueblerinos se burlaban diciendo:
– ¡Qué par de tontos! Nunca hemos visto gente tan tonta. Tienen un burro y, en lugar de montarse, lo llevan a cuestas.
Al salir del pueblo, el abuelo después de pensar un buen rato le dijo a su nieto:
– Ya ves que hay que tener opinión propia y no hacer mucho caso de lo que diga la gente.
 

En definitiva nunca se puede agradar a todos.

Por ello te planteo, ¿merece la pena, como dice Elbert Hubbart, no hacer nada, no decir nada y no ser nada para evitar la crítica?

 TÚ DECIDES

DE LO QUE SE SIEMBRA SE RECOGE… ¡REFUERZA POSITIVAMENTE!

A veces esperamos que los demás nos digan cosas que nunca llegan o lo hacen en leves ocasiones. Sin embargo, no somos conscientes que tenemos mucho más poder en nuestra mano del que imaginamos para conseguir esas palabras.


De esto trata el refuerzo positivo, tal vez muy básico teóricamente pero no tan básico y común en nuestro día a día.

Un refuerzo positivo podría ser definido como todo estímulo que aumenta nuestra conducta ya que ese estímulo que es algo que nos gusta. Un ejemplo podría ser cuando a un niño pequeño por cumplir unas normas le damos un caramelo. De esta manera, la probabilidad de que el niño siga cumpliendo esas normas aumenta, ya que recibe algo que le agrada y relaciona el cumplir esas normas con algo agradable.

Compartimos toda variedad de situaciones con las personas que nos rodean y tendemos a fijarnos en las cosas que nos molestan de los demás o quejarnos por las cosas que hacen o dicen. Centramos mucha atención en esas cosas negativas pero ¿qué pasa con las positivas? ¿compartimos con la otra persona las cosas agradables o que nos gustan que hace o dice?

No son pocas las veces que ante la idea de reforzar he oído algo tipo “…pero es su obligación, es lo que tiene que hacer…”. Como consecuencia, caemos en quejarnos y nos olvidamos del valor de un refuerzo, sin darnos cuenta que no siempre se hacen las cosas por el simple hecho de que sea “nuestra obligación o lo que tenemos que hacer”. Necesitamos algo más, necesitamos sentir que lo que hacemos no deja indiferente a los demás y eso es lo que nos moviliza.

Resaltemos esas cosas que nos gustan de los demás para que aumente la frecuencia en que lo hacen.

Me gustaría ejemplificar para que lo veas más claro.
Ana está cansada de regañar a Javier por no recoger su cuarto, ni si quiera hace la cama y siempre deja la ropa tirada por todos sitios.
Ana. ¡Javier! Te he dicho mil veces que recojas tu habitación.
Javier. ¡Pero si hoy he hecho la cama!
Ana. ¿La cama? ¿y qué pasa con toda la ropa que has dejado hecha un montón?
Javier. Joe… es que no te conformas con nada, haga lo que haga siempre te quejas
Javier está lejos de conseguir lo que Ana propone, sin embargo, cuando él da un paso y hace la cama esta le regaña igualmente. La sensación de Javier es que da igual lo que haga porque nunca lo hará bien por lo que quizá decida no hacer nada pues es más fácil y se encuentra el mismo resultado. Si Ana le hubiese felicitado “¡Qué sorpresa, pero si has hecho la cama!”, Javier se sentiría satisfecho por su esfuerzo y posiblemente volviese a hacerlo para recibir la enhorabuena de su madre.

Te animo a que pruebes esto y experimentes por ti mismo/a los efectos.

Para conseguir un campo lleno de trigo siempre se necesita plantar una primera semilla. Quizá esto no es la solución a grandes problemas pero quizá es esa primera semilla…

FÁBULA. LA RANA SORDA

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.
Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo.
Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.
Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió.
Ella se desplomó y murió.
La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.
Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacía señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no merecía la pena seguir luchando.
Pero la rana saltó cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo.
Cuando salió, las otras ranas le dijeron:”nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos”.
La rana les explicó que era sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo.
 
                                                             MORALEJA
1. La palabra tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento a alguien que se  siente desanimado puede ayudar a levantarse y finalizar el día.
2. Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentre desanimado puede ser lo que le acabe por destruir.
¡Tengamos cuidado con lo que decimos!
3. Una persona especial es la que se da tiempo para animar a otros.
 
¡Se especial!

Comienzo…

    Después de un tiempo rondándome la idea, he conseguido sacar fuerzas para comenzar este proyecto y llevarlo a cabo: escribir un blog.

     Me cuesta identificar los motivos que me han impulsado a ello pero tengo uno muy claro, mi necesidad de compartir con el mundo  mi gran pasión: la Psicología. Quisiera darte un poquito de aquello que me ha hecho ver la vida de otro color, me ha ayudado a ser más dueña de mi propia vida y sobre todo, lo que me ha ayudado a que mi bienestar aumente.
 
     Quizá este es un proyecto demasiado ambicioso pero me gustaría intentarlo y compartir algunas claves que pueden ayudarnos a mejorar nuestra vida y, como consecuencia, nuestro entorno. Por supuesto, estaría encantada de que compartas y comentes todo lo que te apetezca o te sugiera, pero sobre todo, necesito que recorras este camino conmigo… ¿te unes?